Lo maravilloso sería que al llegar al aula mis alumnos estuviesen esperándome con los cuadernos desplegados, sentados en sus asientos y las mentes abiertas. Para impartir la clase con regocijo, me gustaría conocerlos a todos, sus puntos fuertes y sus debilidades, sus complicaciones familiares o su grupo de amigos. El clima en el aula sería pacífico y respetuoso.
A pesar de que a muchos alumnos no les gustase con anterioridad la clase de Lengua y Literatura, me gustaría conseguir interesarles e incluso emocionarles, extraer el jugo de su imaginación y fomentar la creatividad de todos.
Me encantaría disponer de materiales en papel tanto como un soporte digital por el cual mostrarles adaptaciones literarias, imágenes de los autores, representaciones teatrales y chispazos de otras expresiones artísticas.
Sería fantástico no tener que elevar el tono de voz, no tener que mandar tareas para casa y que mis estudiantes consiguiesen unos buenos resultados académicos.
Por supuesto, para finalizar, me gustaría poder trasmitirles algo más allá de la mera asignatura y que las lecciones recibidas les sirviesen en su día a día.
